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#EnaMorados de Nu. Chey, tocando un Plan B con su guitarra

#EnaMorados es una serie de historias de gente común con sueños financieros. Hoy, Chey Velásquez, un guitarrista y compositor que descubrió cómo equilibrar los vaivenes económicos de una vida dedicada al arte.

Chey Velásquez tocando su guitarra, uno de los #EnaMorados de Nu

La de Chey Velásquez es la segunda historia de una serie sobre #EnaMorados de Nu y sus finanzas.

Cuando Chey Velásquez fue reconocido como compositor en los Latin Grammy tocaba una Fender Stratocaster.

“The Strat” es la mítica guitarra con la que también jugaron genios como Jimmi Hendrix, George Harrison, Jeff Beck, David Gilmour y H.E.R. Fue en 2017, como parte de la banda de Vicente García, el músico dominicano afincado en Bogotá. El disco premiado, Alamar, tenía un tema compuesto por García y Velásquez, “Espuma y Arrecife”. 

Pero no todo es gloria en la viña del artista. ¿Qué sucede cuando está largos meses, a veces años, abajo del escenario, ensayando o componiendo? ¿Cómo es la vida financiera de un músico?

Primeros acordes de Chey

Alexei Chey Velásquez es músico y compositor. Tiene 41 años, se crió en Bucaramanga y estudió Música hasta el quinto semestre en la universidad de esa ciudad, para luego dejar la academia y comenzar a formarse como autodidacta. 

“Aquella canción de Alamar une las partes negras de Dominicana y Colombia -cuenta desde su casa, a través de videollamada-. La irreverencia es mi elemento, soy jazzista de corazón. Mis referencias son principalmente Charlie Parker, Coltrane, la novela de Cortázar, Rayuela, que es una obra de jazz.”

La primera guitarra profesional, de las siete que ahora tiene, se la regaló su papá a sus 7 años. Desde entonces, los sonidos de una guitarra eléctrica han modelado su vida. Las cuerdas cruzadas sobre su cuerpo estuvieron allí cuando, en pleno servicio militar, los suboficiales quisieron que formara parte de un trío de bolero para cantarle a sus esposas: 

“Perdón, vida de mi vida./ Perdón si te he faltado”, y las señoras lagrimeaban y perdonaban a sus maridos y Chey seguía salvándose de prestar guardia.

Trip latino: el despertar de las finanzas 

Ya habiéndose mudado a Bogotá, desde 2002, Chey formó parte de bandas de fusión entre el folklore colombiano y el rock y el jazz, por las que tocaba en el bar Quiebracanto.

Después vino Malalma, el grupo de latin trip que lo llevó al festival Colombiage, en Londres. Y en el medio, Fonseca, con quien giró por el mundo (todas las Américas, España, Inglaterra, Australia, China) tocando su guitarra acústica y haciendo coros, entre 2008 y 2014. 

“En Fonseca comencé a interesarme por mis finanzas personales; veía que mis compañeros músicos se fijaban muy poco en cómo gastar o ahorrar el dinero -cuenta Chey-. En la música, en general se vive al día, de rumbas, gastando sin miramientos. Pero la vida financiera de un artista se parece a una montaña rusa. Si no ahorras, siempre estarás empezando de cero.” 

Cuenta Chey que comenzó invirtiendo en la Bolsa y que tuvo muchos desaciertos. Que puso su dinero en proyectos agrícolas y tampoco le fue bien. Pasó un tiempo hasta que logró estabilizarse. Se casó con Mónica y en 2019 tuvieron a su hijo Salvador, por lo que decidieron regresar a Bucaramanga. 

Chey, el músico y compositor colombiano en ascenso que sabe celebrar (y cuidar) sus logros financieros.

El sonido del pop corn

“Aquí no sólo tengo espacio para componer y vivir con mi familia -cuenta Chey-, sino que hemos crecido sabiendo invertir mejor y desarrollando algunos emprendimientos.” 

Así fue como compraron máquinas crispeteras, que arriendan los fines de semana para cumpleaños y otros eventos. También lanzaron con su pareja la marca de zapatos femeninos Amelie, aprovechando que están en una región que es gran productora de calzados. 

La familia de Chey y Mónica tiene inversiones en una app y en acciones que rendirán a largo plazo -”soy largoplazista como Warren Buffet“, dice- en la Bolsa.

“Uso a Nu como apalancamiento -explica Chey-.Coon la moradita financié el primer pedido para Amelie, un kit de emprendedor que constaba de 25 pares y que valía $500.000. Como compré el primer día inmediatamente después del corte, tuve 45 días de financiación. Y cuando vino la cuenta, como soy totalero, no me generé ninguna deuda, por lo que con Nu no pago intereses.”

Conoce también la historia de otro EnaMorado: “El camino de Santiago”.

Así suena la música de Nu

Nuestro guitarrista cuenta que se interesó por el mundo de las fintechs cuando escuchó la historia de David Vélez. “¡El comienzo en esa casita allá en San Pablo, muy al estilo de Apple!”.

Dice que tener control sobre su vida financiera le parece mucho mejor que andar lidiando con “tanta cosa que quita tiempo”, propio de los bancos tradicionales. Y que la app de Nu le permite controlar también aquellos gastos-hormiga. 

“Es muy chévere tener todos los gastos en una pantalla, el lugar y la hora exacta donde los hiciste. Además, usar una tarjeta de crédito me genera una vida crediticia, lo que aumenta mi puntaje [en las centrales de riesgo]. De hecho, ya casi no uso dinero en efectivo: hoy es absurdo andar con una billetera.”

Para los fines de semana de los próximos dos meses las crispeteras ya están contratadas. Chey ya está pensando en comprar la próxima máquina con la tarjeta de crédito Nu.

“Soy consciente que la vida en el arte sube y baja, que es por oleadas. Como músico, tengo muy claro que siempre debo tener un Plan B. Nu forma parte de ese plan.”

Lee más historias de EnaMorados de Nu aquí:

“#EnaMorados de Nu. El camino de Santiago”

“#EnaMorados de Nu. Tatiana, la atleta digital”

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