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La Diversidad Transforma: Sauron es mi verdadero nombre

“Me estaba dejando crecer el cabello, esa fue la gota que rebalsó el vaso de mi papá”, dice Sauron en esta historia de prejuicio y redención.

Sauron, Xpeer de Nu, posando apoyado en un cubo morado. La Diversidad Transforma: Sauron y su poderosa historia en el Mes del Orgullo

Cuando me puse mi nombre, Sauron, no sabía que remitía al Señor de los Anillos. Lo había escuchado por ahí y me había gustado. Me llamo Sauron. Ese no es el nombre que me pusieron las personas que me concibieron. Mi documento dice que nací en diciembre de 1989, pero yo me di otra fecha en honor al día en que me fui de casa. 

Sí, la Diversidad Transforma. Sobre todo, me ha transformado a mí mismo. Tuve que pasar mucho dolor y mucha soledad. Aquí estoy, entero y fuerte. Y hoy quiero contar mi historia. 

Para entender los fundamentos de nuestra campaña #LaDiversidadTransforma, lee este posteo.

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Me considero una persona queer. Yo no salí del closet; me hicieron salir a la fuerza. Mi padre, que es un ser violento y peligroso. Tenía 16 años cuando él descubrió que yo tenía novio. Ya no vivíamos juntos; vivía con mi madre. 

Para controlarme, le pagó a un detective privado para que me siguiera; intervino el teléfono de mi mejor amiga, amenazó de muerte a mi pareja, me amenazó de muerte a mí. 

No podía escuchar la música que me gustaba, el pop, porque era de mujercitas. No podía ver televisión, porque la programación disponible eran telenovelas y “podría encontrar personajes femeninos que imitar”. No podía contestar el teléfono. Ni ir a la tienda. Ni quedarme solo. Estaba vigilado 24 horas. Estuve virtualmente secuestrado, así, durante varios meses. El miedo de todos los días era el de devolverme del colegio a la casa.

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De niño, vivía en un conjunto residencial. Para botar la basura, tenía que recorrer una cuadra y media. Los niños me molestaban; lo que se llama “el stress de minorías” lo viví con las entrañas desde muy pequeño.

Pero eso no fue ni por lejos lo que más me marcó. El terror estaba en casa. En la época en que me recibí del colegio, sentía que estaba en peligro todo el día. 

Tenía casi 17 años. Al mes, ya me estaba dejando crecer el cabello. Esa fue la gota que rebalsó el vaso de mi papá: aún sin vivir con nosotros, me echó de la casa. 

No tuve aliados en ese tránsito: si le contaba qué me estaba pasando a cualquier persona, la pondría en peligro de muerte

Durante la década que seguiría, tuve distimia, un tipo de depresión dominado por una tristeza sin fondo. El miedo se convertiría en una sensación tan persistente, que perdería la capacidad de confiar en la gente. 

Por ejemplo, si en el trabajo me preguntaban “¿Dónde vives?”, pensaba que esa persona estaba pagada por mi padre. Cualquiera era un potencial peligro. Así, durante diez años. 

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El día que me fui de aquel no-hogar, lo primero que hice fue cambiarme el nombre. Como en el secundario, una amiga me decía “Cejota” porque tengo la cejas unidas, un poco como Frida Kahlo, busqué dos nombres que iniciaran con Cé y con Jota. Mi apellido está inspirado en la palabra Amor. Y esa es otra historia que necesita contarse. 

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Mis dos últimos años en el colegio fueron excelentes. Tuvimos un profesor muy dedicado a la pedagogía. Pude superar el acoso de algunos de mis compañeros. Los bullies de pronto recurrían a mí. Mi apellido, el apellido que me dí, digamos, viene de ese sentido amoroso de los otros que este profesor supo inspirar como un hechicero.

A los 23 años conocí a mi esposo en el trabajo. Al pasar cerca de mí, sentí como si entrara al mar y me dejara llevar por las olas. Empezamos a salir, a vivir juntos. Nuestro vínculo dio inicio a una vida más plena. 

Tampoco ha sido un camino sin espinas. Me atropelló un auto, se lastimaron mis rodillas, tuve que dejar de bailar (había empezado danza contemporánea, mi sueño de siempre), y me deprimí fuerte. Pero con el amor de mi esposo, el tratamiento psiquiátrico y los estudios en Sociología, que inicié un año después, salí fortalecido. 

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Con el tiempo, y gracias a mi carrera, me he convertido en una persona muy política: mi tesis trata sobre el acoso escolar, el bullying. Eso me permitió asumir las cosas de otra manera. 

Si hoy siento #Orgullo, es por defender lo que soy. Por no tolerar la opresión ni la discriminación de los otros. Por haber defendido lo que soy cuando era un niño. 

La Diversidad Transforma, sí. Sobre todo, me ha transformado a mí.  

Como dije al principio, mi fecha de nacimiento no es la de mi nacimiento biológico, en diciembre de 1989. Sino en enero de 1990, el mismo día en que, diecisiete años después, en enero de 2017, tuve que irme de mi casa para poder ser.

Este contenido es parte de la misión de Nu Colombia para hacer de nuestro mundo un lugar más justo, amoroso y democrático. Hoy, sobre todo, no sólo nos proponemos acabar con la complejidad financiera y la burocracia y devolver el control del dinero a las personas. También nos proponemos, en nuestro ámbito, aprender cada vez más para ser más incluyentes y formar equipos de trabajo fuertes y diversos, en los que todas las subjetividades sean celebradas y bienvenidas.

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  • La Diversidad Transforma: Nu Y El Mes Del Orgullo - Nu Nace En Colombia
    21 de junio de 2022, 3:12 pm
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