Ilustración de Angely con sus amigues. Efecto Morado en Carmen de Apicalá: les amigues de Angely.

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Efecto Morado en Carmen de Apicalá: les amigues de Angely

Cómo el amor compartido de una mujer transformó a un pueblo de Tolima en fan de la tarjeta de crédito Nu. Lee la historia de esas personas.

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Carlos Andrés Yopasa García se fue a vivir a Carmen de Apicalá cuando le dió vértigo. Trabajaba como coordinador de montaje, ambientación y arte en un conocido canal de televisión colombiano, en Bogotá. Fueron veinte años con apenas dos días de descanso al mes. “Un día tuve cinco tipos de vértigo juntos: me mandó a la lona”, recuerda.

Se fue a Carmen de Apicalá en busca de una mejor salud. Allí, en “tierra caliente”, hay una amplitud térmica que va de los 22 a los 37ºC, montañas majestuosas y un Parque del Agua con una cascada infinita. 

Amén de los mosquitos, en Carmen de Apicalá Charly fundó su propio paraíso y se hizo chef: abrirá un restaurante con carnes maduradas en el pueblo contiguo, Melgar. Se llamará The Beef.

Charly y la Fábrica de Amor en Carmen de Apicalá

Angely Rodríguez es la ciudadana ilustre de Nu Colombia en Carmen de Apicalá. Ella llegó a compartir la invitación para obtener la tarjeta de crédito de Nu desde la app de Nu a más de 250 personas. 

Experta en biosanación, Angely aprendió en los últimos años que el amor se comparte. Que se debe compartir. Que es hermoso abrir la puerta a lo bueno de la vida a otras personas, si está en sus manos. 

De algún modo, eso sintió con la tarjeta de crédito de Nu. Comprobó desde el principio que Nu la trataba como un ser humano. Que le ofrecía un servicio simple, humano y transparente. Que la beneficiaba. Que la ayudaba a controlar mejor sus finanzas. Que no tenía letra chica.

“A Angely la conocí hace más de diez años -recuerda Charly-. Ella es puro amor. Cuando me dijo que podía tener una tarjeta de crédito sin costos ocultos, no lo dudé y le pedí que me compartiera la invitación.” 

Conoce la historia de Angely en Carmen de Apicalá.

Innovación y casamiento en Carmen de Apicalá

La primera compra que hizo Charly con su tarjeta Nu fue, claro, en el supermercado. Res de cerdo, coca-zero, cervecitas y especias. Esa noche cocinó, festejó. 

“Es que en Nu lo consienten a uno, mucho. Es innovador y muy diferente a todos los servicios financieros que conocí. Es algo que, a pesar de que me llena las expectativas, siempre pienso qué más va a pasar. Son muy innovadores. Metí la mano en la candela por esta tarjeta. No sé cómo hacer para casarme con la tarjeta de crédito de Nu.”

Ada y su vuelo en bicicleta más allá de Carmen de Apicalá

Ada Balseiro transcurría un día como cualquier otro en su trabajo. Había llegado en su cicla hasta el aeropuerto El Dorado para trabajar en una tienda que queda enfrente. De hecho, estaba por terminar su turno, a las 2 de la tarde. “Es viernes y el cuerpo lo sabe”, pensó.

Cuando recibió el llamado de Angely, que ya no estaba en Carmen de Apicalá, sino en la capital colombiana:

– “¿Por qué no vienes a mi casa, tomamos algo?”

Así que Ada tomó la cicloruta. “Me gasto unos 25 minutos desde el aeropuerto”, dice. 

Su amiga la esperaba con una sorpresa. Le contó de Nu. “Pero yo estoy reportada”, le confió Ada. “No importa, hagámosle.”

“Y en cuestión de un minuto tenía mi tarjeta de crédito de Nu. No lo podía creer. Cuando me llegó la tarjeta física -porque la virtual ya la tuve en ese momento-, tocó activarla. Entonces hice una compra en el lugar donde trabajo: queso deshidratado, mantecada, gomitas, pastel de pollo. Estaba incrédula, pero llamé a Angely y le dije: ¡la tarjeta funciona perfecto! Gracias amiga.”

El Efecto Morado se expande por toda Colombia. ¡Por más pueblos morados!

Tom el gato y la tarjeta de crédito de Nu 

Al tiempo, Ada -que tiene 45 años, vive con su marido y un hijo de 17, tiene otro hijo médico y adora caminar- fue a visitar a su madre por el cumpleaños. Llegó a Necoclí, ese pedacito de Antioquia con mar, por primera vez con una tarjeta de crédito Nu. Así que salió con su tarjeta de crédito de Nu y compró zapatos, chaquetas y buzos. 

“Pero en lo que verdaderamente me salvó fue con mi gato, Tom. Casi se muere. Se le obturó la uretra y tuvimos que hospitalizar. Si no hubiese tenido la tarjeta de crédito Nu, no hubiese podido hacerlo, no se hubiese salvado.”

Esta es la historia de cómo un pueblo, Carmen de Apicalá, se tornó de color morado y trascendió sus fronteras. Hoy, las personas amigas de amigas de amigas de Angely que compartieron su invitación de la app de Nu se multiplicaron por todo el país.

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