Home La confianza es un valor...

La confianza es un valor: historias de colombianos clientes de Nu en Brasil

¿Cómo se relacionan el sancocho trifásico, una boda en Porto Alegre, y unas gafas de sol estrenadas en Río y la matemática aplicada con Nu? Relatos de vidas financieras lejos de casa.

De los 50 millones de colombianos, alrededor del 10% vive en el extranjero. Cada una de esas historias están marcadas por sueños, desgarros y esperanzas. Cada una de esas historias es portadora de la colombianidad viajando a través del espacio. También, son historias financieras.

Claro que no debió haber sido fácil irse para los 12.721 compatriotas que hoy están registrados en Argentina, ni para aquellos 128.496 que emprendieron el camino inverso hacia el norte, para llegar a Estados Unidos. Claramente, tampoco para los que cruzaron el Atlántico o el Pacífico y refundaron sus vidas en Estonia (15 personas) o Taiwán (17), según las últimas cifras oficiales de Datos Abiertos.

Una de las dimensiones más difíciles de afrontar por los migrantes en un país que al principio resulta ajeno, es la de las finanzas personales. Habrá una heterogeneidad de situaciones, pero algo podría decirse que es seguro: a la mayoría se les dificulta obtener un crédito porque carecen de un historial crediticio en el país. 

El scoring crediticio es un sistema informático usado por las entidades financieras para aprobar o denegar créditos usando fuentes de datos que revelan el nivel de ingresos, los saldos en cuentas corrientes o la declaración de bienes, por ejemplo.

Sin una historia financiera en el país de destino, las personas raramente pueden acceder a una tarjeta de crédito.

Los relatos que siguen son de migrantes colombianos en Brasil. De cómo lucharon para establecerse y de cómo la tarjeta de crédito morada de Nubank, el roxinho, cuyo sistema de evaluación crediticia es propio y evoluciona constantemente -como el de Nu Colombia- se convirtió para esas personas, lejos de amigos y familiares, en una aliada para salir adelante.

DIANA VALERO (desde San Pablo)

Diana en su restaurante Delicias Paisas, con su esposo (el chef Andrés) y su hija Isabella

Por entonces, Diana Valero Peláez, brillaba como especialista en Gestión de Proyectos. Así fue como, trabajando en una empresa colombiana de desarrollo de software, en 2015 se mudó a São Paulo, Brasil. La compañía había ganado una licitación de la Secretaría de Transporte paulistana y ella -por entonces 37 años, ingeniera en sistemas- lideraría el equipo. Atrás dejaría su vida en Medellín.

Cuando llegó a Brasil entendió que tenía un problema financiero: cobraba en un banco colombiano, por lo que no le generaba una historia financiera en su nueva residencia.

Así que le dijo a su esposo, Andrés, que transferiría parte de sus ingresos a un banco brasileño. Que con eso tenía la esperanza de acceder a una tarjeta de crédito. Pero pasó el tiempo, y eso no sucedió.

Cuando un compañero de trabajo la refirió en Nubank de Brasil -que es una de las maneras para mejorar las chances en la lista de espera- no era común que hubiesen bancos digitales. “¿Será real? ¿Es legal? ¿Me van a engañar?”, fue lo primero que pensó. “No tiene cuota de manejo y parece que tiene todas las bondades -comentó con su marido-. ¿Y si nos arriesgamos?”

Cuando su solicitud fue aprobada, no lo podía creer: Nubank le había otorgado un límite de gastos muchísimo más alto que un banco tradicional: esperaba 500 reales (moneda brasileña) y la moradita le ofrecía un tope mensual de 2000.

— Ya en 2015, Nubank iba un paso adelante. El proceso de aprobación fue muy sencillo: no tuve que mandar mails suplementarios ni acercarme a ninguna oficina -comenta Diana desde São Paulo.

En 2018 Diana regresó a Colombia, para luego volver a Brasil, al año siguiente, con un proyecto inusual. Su marido, rey de la cocina, había enamorado los paladares de los expats colombianos, así que abrieron un restaurante, Delicias Paisas, en pleno barrio paulistano de Brooklin (adonde Nubank había nacido cinco años antes). 

Hacen bandeja paisa, lechona huilense y sancocho trifásico, además de arepas, patacones y empanadas, entre otros platos. Diana cuenta que tiene un sólo límite: la papa criolla no se consigue en Brasil. Habla con el equipo de Nu Colombia delante de una pared que tiene colgada una guitarra con el dibujo del dragón chino. Símbolo de buen augurio.

“Valoro de Nu que aumenta mi límite de crédito”

Cuenta Diana, sin dudar:

— Con la tarjeta de crédito pagamos los gastos del negocio. Lo que valoro de Nu es que constantemente fue aumentando mi límite de crédito, mientras que en un banco tradicional eso no se logra si una no presenta mil documentos. Nu siempre está pensando en cómo mejorar la relación con los clientes. 

SEBASTIÁN HENAO (desde Brasilia)

Sebastián Henao se recibió de Doctor en Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, la PUC. Su tesis, que versó sobre alternativas políticas al capitalismo, está dedicada a su abuelo Elbo, “por ser un soñador incansable”.

Para llegar a tan alto mérito y seguir el trazo de los utopistas que no claudican ante las tempestades, Sebastián tuvo que sobrepasar un camino escarpado, por el que el esfuerzo intelectual no siempre era retribuido con una vida financiera más justa

“Me gustó que Nu enviara sillas a la casa de los empleados al empezar la pandemia”, dice Sebastián.

Todo comenzó en 2010, cuando se fue de intercambio en la época de pregrado a Porto Alegre, en el extremo sur de Brasil, donde trabajó como voluntario en escuelas públicas para una ONG. Volvió enamorado del país, aunque se graduó en la Universidad Nacional de Colombia, en Medellín.

“Tenía 21 años, estaba un poco perdido, así que apliqué a una maestría en Brasilia, salió y en 2013 me fui para allá”, recuerda. En la capital política brasileña, comenzó a ganarse el sustento dando clases de español e inglés. 

— Tenía una visa nueva sin residencia fija. Un banco me había dado una tarjeta de crédito para estudiantes, pero el límite de gasto era bajo y las tasas altísimas. Y cuando tienes una renta baja, que te cobren 30 reales de cuota de manejo es una cuchillada. 

Era el año 2015 cuando su amigo Thiago le habló de “la moradita” de Nubank. 

—  Sonaba a banco suizo o alemán, a negocios grandes. ¡Pero qué tarjeta más bonita era! Cuando Thiago me propuso como futuro cliente en Nu, me vino fantástico: estrenaba casa nueva en Río de Janeiro e iba a necesitar de crédito.

Al llegar a Río, el futuro doctor Henao estrenó su tarjeta de crédito Nu con cosas que cualquier carioca aprecia: unas gafas de sol y unas chanclas Havaianas. 

“Valoro de Nu que haya bajado los intereses por la pandemia”

Cuenta Sebastián, desde Brasilia, donde trabaja:

—  En Brasil, casi nunca uso dinero en efectivo; puedes comprarte hasta un caramelo con tarjeta. En ese sentido, Nu me ha facilitado la vida; la factura es fácil de leer y la atención es siempre muy jovial y sin burocracia: voy al chat y sé que me van a entender, es como si hablaras con un amigo. Lo que más destaco de este año es la acción que hicieron al principio de la pandemia: destinar fondos de marketing para bajar los intereses, previendo que iba a haber desempleo y baja de salarios. 

VERÓNICA URIBE (desde Chapecó)

Ya las uñas impecablemente pintadas de amarillo revelan a Verónica Uribe Grosmam como una mujer con una visión estética osada. Cuando en 2018 el alcalde de Medellín visitó la ciudad brasileña donde vive, Chapecó, estado de Santa Catarina, ella actuó de enlace y conoció a unos empresarios colombianos que abrirían un restaurante con comida de sus raíces. Para eso, necesitaban una buena diseñadora.

—  Así que diseñé la arquitectura, los uniformes de los camareros, hasta el menú. A los brasileños les encanta la comida colombiana — recuerda. 

De Medellín a Florianópolis a Chapecó. “Nu es mi primera y única tarjeta”, dice Verónica.

La historia de Verónica con Brasil es sentimental. En 2012 fue a Florianópolis de vacaciones; seis meses después, se estaba casando con un brasileño en la ciudad de Porto Alegre. “Fue muy difícil comenzar mi vida crediticia: los bancos me negaban todo”, cuenta. Al fin, en 2017 solicitó la tarjeta Nu y en unos meses le fue aprobada. 

—  Tengo una anécdota que pinta a Nu de cuerpo entero. Se me pierde la billetera. Para dar de baja la tarjeta de un banco tradicional colombiano tuve que hacer trámites por tres días. No te imaginas las vueltas que me dieron. Con Nubank, en Brasil, llamé al chat desesperada, pero me explicaron todo súper bien y en diez minutos estaba resuelto. 

El restaurante que ella ayudó a construir cerró, pero el chorizo antioqueño, cuya receta desarrollaron con su marido, siguió haciendo furor, así que abrieron Sabor Colombiano para seguir distribuyéndolo entre sus fans. Claro, se los puede encargar pagando con la tarjeta Nu.

“Valoro de Nu el servicio al cliente: lo es todo”

Comenta Verónica, enfática, risueña, divertida:

—  Ustedes no necesitan marketing, porque la gente lo hace de boca en boca. La moradita es ahora mi única tarjeta. ¿Qué quieres que te diga? Soy una enamorada de Nu, nadie me paga por decir esto. Es que llamas al chat, y sientes que no estás hablando con un empleado sino con un amigo. En Colombia, todavía hay gente que desconfía de las cosas online; y además está la gente de edad, que es más conservadorcita. Yo se los recomiendo a ojos cerrados. De hecho, llamé a mi mamá y le dije: “Pruébalo, nada pierdes, ya vas a ver: es la mejor tarjeta de crédito que vas a tener en tu vida”. 

DAVID BAEZ (desde Curitiba)

Cuando al profesor David Báez se le acabó la beca en 2010, no sabía cómo iba a pagar sus deudas. Profesor de matemáticas, oriundo de Bogotá, había llegado cuatro años antes a la Universidad de Campinas, Brasil, siguiendo las huellas de un profesor especializado en optimización con conjuntos difusos.

Los dos años que le quedaban hasta graduarse -cuenta el científico, que hoy tiene 40 años- vivió en parte de pedirle prestado a los amigos. Después de recibir su  doctorado, comenzó a dar clases en la Universidad Tecnológica Federal en Curitiba, más al sur, en el estado de Paraná.

Hoy, David enseña matemáticas discretas y ecuaciones diferenciales, y trabaja en modelos matemáticos en epidemiología y otras áreas de matemática aplicada.

— Mi primer contacto con Nu fue apenas inició, por curiosidad. Que no cobraran cuota de manejo ya me resulta buenísimo. Al principio, cuando me la otorgaron, mi límite de crédito era bajo, pero luego fue aumentando poco a poco. Además con el tiempo se fueron diversificando los beneficios; ahora tengo mi seguro de viaje con Nu.

David se pregunta si los colombianos van a confiar en la era digital.

“Valoro de Nu que no te cobran tarifas exorbitantes”

Dice David, sintético y sin rodeos:

— Desde mi punto de vista, el problema que tenemos los colombianos es la desconfianza. ¿La gente va a confiar en un banco sin sucursales? Yo quiero decir que a mí me funciona de maravillas. Hay un espacio gigante para que Nu crezca en Colombia.

Introduzca su nombre

Quiero recibir la newsletter